viernes, 8 de febrero de 2008

LAVOE: “¡Los quiero de gratis!”


El tiburón de la salsa
Hace 22 años Héctor Lavoe se presentó por primera y única vez en nuestro país. En las calles de Lima siempre se le escucha, aún hablan de él. Se recuerda su legendario paso por el Callao, de sus ficticias –¿o reales?– noches allí. Para muchos es una suerte de dios, parte del imaginario que se transmite y transmite.
Suenan las trompetas, la gente salta en su sitio. ¡Héctor, Héctor, Héctor! corea el respetable. En el aire se elevan las notas de La Murga. Delirio total en la Lima de agosto de 1986. El lugar: la extinta Feria del Hogar –por supuesto.
Es chévere ser grande, pero es más grande ser chévere, decía Héctor Lavoe de la forma en que solía decir las cosas, de esa manera tan fácil, en medio de repentinas inspiraciones y chispazos de su genio. Y chévere como él solo, esa noche cantó ante 120 mil almas en el recinto ferial. Lima salió en procesión para verlo.

Su voz, aguda pero no hasta el llanto, aún resuena en los que asistieron al concierto. Tratan de cerrar los ojos con fuerza a fin de retener más tiempo las añejas imágenes que resguarda su memoria. Son fanáticos.


Que vuelva el Cantante de los Cantantes, cuyo ascenso a la fama se vio marcado por la tragedia y por su adicción a la heroína, lo que lo llevó a la ruina. “Mi única droga es la salsa”, sostuvo ante los periodistas peruanos. Te creemos, Supremo.


Gozando rico
“¡Desde la Feria del hogar estamos con Héctor Lavoe y qué mejor que presentar a esta gran figura, uno de los más grandes soneros, Héctor Lavoe!. ¿Cómo estás Héctor?
-Bien, gracias. Aquí, gozando en Perú”.
Esa fue la primera respuesta que diera Lavoe a un medio televisivo nacional. Corría agosto de 1986, estamos en la Feria del Hogar, aquel gran evento anual que todos los limeños esperábamos con impaciencia.


Aquel año fue anunciado Lavoe. Llegó un 4 de Agosto gracias a los empresarios Jorge Fernández Macera y Gösta Lettersen, director de la Feria. Bajando de su avión, luego de tres noches de grabar dos discos en Nueva York, dio una rápida conferencia de prensa que dejó chico el local, para irse luego directo a su suite del Hotel Sheraton. “Estoy agotado y necesito descansar para estar fresco y cantarle a este público tan maravilloso”, afirmó.
Lavoe llevó a cabo en Lima 6 conciertos (!6¡) Todos programados para las ocho de la noche. El primer día, al rondar la una de la tarde ya había mil personas haciendo cola, tres horas después llegaban a diez mil. La comidilla farandulera en periódicos y radios era si la famosa impuntualidad de Lavoe a la hora de subir al escenario se cumpliría en nuestro país. Pero llegó puntualísimo a todas sus presentaciones. Sin embargo, afirma otra leyenda, que inmensamente bendecido por el ron peruano.
Puro saoco y sabor
“Poeta maldito”, “El Bad Boy de la Salsa”, “El Tiburón de la Fania”, “El cantante de los cantantes”, “El flaco de Oro”.
Eran muchos los apelativos y uno solo el artista.
Aquellas seis noches del 5, 6, 7, 8, 9 y 10 de agosto, miles de miles corearon sus canciones. Luis Delgado Aparicio, el popular Sarava y doctor del ritmo afro-latino-caribeño-americano fue el presentador oficial.
Luego, vendría una hora y diez minutos de delirio musical en masa. “Soy todo corazón. Mi estilo es callejero y creo algo peculiar. Cuando canto pongo lo mío”.
La leyenda negra sostiene, que luego del último concierto –vestido de pantalón blanco y casaca ploma cerrada– el cual reunió a 120 mil almas, el cantante se internó en los barrios bajos del Callao, en Puerto Nuevo, de donde no salió por días, armando una juerga de la que hasta hoy se habla.
Leyenda: porque quienes estuvieron cerca de él aseguran que Lavoe no hizo nada parecido. Incluso, fue hasta el santuario de San Martín de Porras pues era devoto suyo. También visitó algunas peñas, como El Jíbaro, donde el Rey de la puntualidad llegó con tres horas de retraso a un almuerzo-homenaje. Al final firmó una fotografía gigante suya.
"Estuve en Perú y a quedado en la libreta mía, en la primera página, porque se portaron sabroso, y tienen un saoco salvaje, aquí estuvo chévere la cosa y la vamos a poner en china también”.
Al irse, el avión que lo llevaría a Colombia y luego Nueva York sufrió una gran demora. Pero igual partió. Hubo dos intentos de traerlo nuevamente, uno en 1988 y otro en 1992, ambos fallidos. La Voz, no volvió a oírse más.

Coda
Hoy queda un monumento en el Callao, en el barrio de Corongo frente al Obelisco. Murales también hay, a cargo del grupo Callao Cartel.
“¿Y tienes nuevas para cuando regreses de tu viaje?”, le preguntó el entrevistador al gran Lavoe. “Lo más pronto posible, vamos a ver que sucede con todo esto… estoy en una aventura llamada Perú. Un saludo para mi gente aquí. Los quiero de gratis y nos vemos pronto”.

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Carta para mi pana
“No se si podré hablar contigo Héctor, no se si podré sacarme una foto a tu lado, pero un día, un minuto, anda por la Victoria, El Rímac, Los Barrios Altos, Surquillo, pero no te olvides de ir al Callao, estamos a quince minutos de donde vas a estar, en el Callao te pasearemos en hombros por que hace 20 años que te queremos, hace 20 años que te adoramos, hace 20 años que deseamos verte en persona”.
(Fragmento de una carta, del fanático Carlos Loza A., 1986)

1 comentario:

yorman sosa dijo...

Que memorable concierto, la feria del hogar exploto de gozo aquella noche, el cantante se lucio aun a cuesta de su afectada vida personal.
yorman sosa Venezuela.
sosayorman@hotmail.com

 
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